Wednesday, May 23, 2012
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“My name is Peter Weyland. And if you’ll indulge me, I’d like to change the world.” New viral TED 2023 video featuring Guy Pearce as Weyland from Prometheus - must watch.

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Friday, March 9, 2012

Quimeras y saberes I

Disertación sobre la construcción y estructura del conocimiento.

(Versión preliminar)

Try and read between the lines!

Durante varios días estuve pendiente de una pequeña discusión muy acalorada principalmente entre dos amigos y colegas mios (Yolima Vargas y Alejandro Rodriguez), y alguien a quien admiro por su capacidad para argumentar acerca de temas espinosos con una lupa escéptica envidiable (David Osorio). Los colegas en cuestión al parecer criticaron la favorable posición de David con respecto al uso de transgénicos en la agricultura, una posición que él defendió en su blog haciendo muy buen uso de sus cualidades argumentativas y habilidades para la investigación divulgativa. Mis colegas también acudieron a varios tipos de documentos que utilizaron para sustentar su posición en contra del uso de transgénicos y de su preferencia por los modelos agroecológicos (Este tema no será tratado en este documento, pero sospecho que David no sabe que la agroecología es una disciplina científica que se apoya ampliamente en las ciencias naturales y aplicadas como la biología, la bioquímica, agrología, la agronomía y la ecología entre otras, que tiene un fundamento puramente científico ampliamente reconocido en la actualidad y que su aplicación le ha permitido a muchas familias acceder a una alimentación más completa y balanceada que el modelo agroindustrial). A medida que los argumentos iban de lado a lado, revelando publicaciones de todo tipo acerca del tema, otras personas se vieron involucradas en el debate y éste se fue transformando en un debate más profundo; De un momento a otro empezaron a haber señalamientos de anticiencia, superstición y dogmatismo. Se puso sobre la mesa la validez de los saberes tradicionales para la ciencia y el desarrollo de la sociedad, la precisión y exactitud del método científico, el “avance” de la ciencia, y finalmente cuando David publicó una entrada en su blog en la cuál no contento con ridiculizar a mis colegas haciéndolos quedar como simples supersticiosos seudocientíficos por poner la palabra “dogma” al lado de la palabra “ciencia” (y no me jodan con el prefijo “pseudo” claro está en el diccionario de la RAE que es tan correcto como su sinónimo sin “p”, pero personalmente, prefiero las cosas simples sobre las inútiles rimbombancias), se aventuró a mencionar la “unidad” del conocimiento como un hecho dado, noté que el debate estaba lleno de vacíos y tomé la decisión de meter la cucharada.

Admito que a veces actúo de forma críptica, por qué? Porque no me gusta el paladeo, no me gusta darle a la gente la información masticada; me gusta que las personas generen y reconozcan sus propios vacíos conceptuales y que vayan más allá de sus propias convicciones para llenarlos. En los últimos cinco años me he dedicado entre otras cosas al estudio de la ontogenia (i.e. Teoría del desarrollo biológico organísmico) y la enseñanza del idioma inglés como segunda lengua mediante el uso de varias técnicas que pueden ser recogidas dentro de lo que llamaré aquí metodología auto-didáctica asistida (i.e. Manipulación comportamental del “aparato” neurolingüístico con el fin de hacer que el estudiante aprenda y se corrija por sí mismo). El estudio de ambos fenómenos: el desarrollo organísmico y su equivalente neurolingüístico en humanos, me ha convencido de que toda innovación, ya sea evolutiva, ontogenética o neurolingüística debe ser integrada previamente al sistema en cuestión (genética, estructural o cognitivamente, de acuerdo al mismo) si ha de ser selectivamente adaptativa y en últimas favorable. Por eso le huyo a las respuestas directas y respondo por medio de enigmas, acertijos y hasta juegos mentales. El uso didáctico de preguntas (o mayéutica) también me ha acostumbrado a cuestionar a mi interlocutor y a veces a responderle a sus preguntas con más preguntas (Si Sócrates lo hacía, no veo por qué yo no. Ese recurso retórico que dice que a una pregunta no se responde con otra, no va conmigo, mucho menos teniendo en cuenta que un problema científico serio es la formulación de preguntas correctamente).

Por esta razón decidí “atraer” la atención primero, “invitando” a David a hacer parte de una lista (la cual está pendiente de revisión y modificación y en la cual también hay personas que no pidieron ni agradecieron ser incluidas, razón por la cual no deben ser señalados como miembros de nada) que él con mucho ánimo ha optado por tildar de “multicultis” y “mesiánica” pero que nosotros en broma hemos bautizado “conspirando por un mundo mejor”. Aunque la expresión fue ideada por Yolima en su blog, fui yo quién creó la lista incluyendo en ella a personas provenientes de diversos sitios y adeptos o profesionales de disciplinas muy variadas, con un único objetivo: generar discusión abierta y fundamentada acerca de temas que cualquiera considere que lo merezcan. Debo decir en este punto que aunque la selección de los integrantes fue un poco aleatoria (en especial con respecto a las posiciones políticas o religiosas de sus integrantes), los criterios de selección que escogí originalmente fueron la tolerancia a la discusión, el escepticismo reflejado en sus opiniones y el interés por aportar ideas que ayuden a mejorar así sea en lo mas mínimo la calidad de vida de las demás personas y cohabitantes de este planeta. Aunque las últimas palabras den la impresión de que el objetivo de esta lista es algo utópico e inalcanzable, prefiero reconocer que la discusión que estuve siguiendo durante varios días ha sido gestora en parte de los primeros frutos de la formación de este grupo de debate, uno de los cuales sea la inclusión de David en el mismo. Tranquilo, David. Nadie lo está invitando a conspirar, solo a discutir, algo que usted hace muy bien.

No me sorprendí en lo mas mínimo cuando David me preguntó si era en serio que lo había incluido en la lista. Como único dios soberano de mi cuenta en Twitter y sus listas, le respondí: “Sí, así lo he dispuesto con mis mortales poderes” a lo cual no recibí más cuestionamientos. El siguiente acto en mi cadena de eventos (ya no tan crípticos) fue informarle a ambas partes que estaban siendo observadas, que su discusión no había sido pasada por alto, que posiblemente tenía algo que decir. David me invitó a leer la entrada en la cual caricaturizaba a mis colegas (sinceramente no sabría decir si esa entrada fue escrita antes o después de ser incluido en la lista de cuyo nombre e integrantes él muy tajantemente declaró querer distanciarse), una en la cual recogió de la mejor forma que pudo el debate, para luego acusarnos a todos de ser una logia fanática de la seudociencia y el chamanismo, y promotora de la lábil cultura del narcotráfico (Todavía me pregunto qué objeto tuvo compararnos con los asesinos de Guillermo Cano, gente que solo pensaba en su propio beneficio, que no tenía ningún interés por la estructura del conocimiento ni mucho menos en las bondades del uso de transgénicos, así fuera coca). Al hacerlo noté que el giro que la discusión había dado (de las quimeras al saber) se hacía explícito en el escrito. Por esta razón, volví a mi clásica respuesta críptica: Le dije a David que yo no hacía nada de gratis (refiriéndome obviamente a su inclusión en la lista, y a mi algo ‘críptica’ personalidad) y le recordé que por más que uno quisiera elaborar uno de esos dos temas a partir del otro, la conexión era muy compleja para tratarlo en una sola entrada: “Muy enredado sería el hilo que lleve desde la eficiencia de los transgénicos a una teoría de la unificación del conocimiento” y le pregunté a manera de broma por cual de los dos extremos quisiera empezar a discutir, no sabría decir si la broma fue entendida como tal, pero la respuesta si se hizo esperar casi exactamente 12 horas: “El que prefieras”.

A pesar de estar convencido de los argumentos que más adelante desarrollaré, tomé mi tiempo para volver a leer la entrada que originó el debate, aquella en la cual el objetivo de crítica (y bien merecida) es Greenpeace y su cúpula de yuppies que se aprovechan de la ignorancia de un ejercito de ambientalistas muy sui generis y nueva era, para lucrarse promoviendo la lucha ambiental bajo muy dudosos fundamentos científicos. Varias de sus fuentes ya habían sido leídas por mi en ocasiones anteriores, como aquella en la que hablan de cómo la oposición a los transgénicos por parte de ciertos grupos ambientalistas en algunos países de África sólo había servido para agudizar la crisis alimentaria en su población; muy buena fuente, pero como todo artículo divulgativo, incompleta para una discusión sobre agricultura. Otras, no las conocía, cómo aquel estudio sobre los efectos del glifosato en el cual se demuestra que su nivel de toxicidad en animales es muy bajo para acarrear riesgos a la fauna silvestre y que su corta vida media impide que se acumule en el ambiente, me parecieron de una elegancia metódica inigualable, pero no pude evitar notar que es un artículo de hace ya 20 años, y que la primera frase del resumen claramente dice “ is a systemic, broad-spectrum, post-emergence herbicide used for non-selective weed control”, buena frase para empezar un atículo sobre toxicología, tal vez, pero no sobre conservación. Mi respuesta no será de 140 caracteres, ni una que pueda esbozar esgrimiendo un par de articulillos ambientalistas. El masoquismo, aunque me es medianamente atractivo física y sexualmente, no es una de mis habilidades argumentativas.

Aclaro que nunca tomo partido por una opinión sobre otra aludiendo a vínculos personales, y me abstengo de darle la razón a nadie sin haber hecho primero mi propia pesquisa. Mis diferencias ideológicas con Alejandro y Yolima han sido medidas, zanjadas y aceptadas con respeto a través de una larga amistad y el haber compartido experiencias académicas únicas, por otro lado la lectura de varios de los documentos del blog de David, me ha sido de gran utilidad en el fortalecimiento de mi identidad escéptica al mismo tiempo que mi intelecto se ha visto nutrido con fuentes de buena calidad en su mayoría. Escéptico que se respete en la red, debe leerlo a él. Por eso a veces, hasta propaganda gratis le hago.

Dejando hasta ahí mis justificaciones y la lambonería, mi objetivo en esta serie de disertaciones no es tomar partido por ninguna de las dos posiciones, sino de-construir el debate pasado, aclarando ciertos puntos sobre ambos temas (quimeras y saberes) que a mi modo de ver fueron omitidos voluntaria o accidentalmente en el debate original y que si se toman en consideración pueden ayudar a desarrollar una posición crítica más educada con respecto al tema de los transgénicos (que para mi no es el tema de los transgénicos sino el de la agricultura) y a entender mejor la estructura y naturaleza del conocimiento científico propiamente dicho. El debate, cuya extensión considero enorme, tiene un rasgo incluyente práctico que salta a la vista y del cual me aprovecharé para darle forma a esta (con anticipación advierto) prolongada réplica: El tema de los transgénicos está contenido de algún modo dentro de algún concepto de “conocimiento”, por lo cuál considero que el tema más incluyente debe ser tratado primero, al contrario de lo que observé en la entrada de David. Por esta razón dedicaré esta primera entrega al conocimiento científico, con especial énfasis en la ciencias biológicas, dejando para una segunda (y no muy lejana) entrega el tema de los transgénicos y la agricultura. Una tercera entrega será dedicada a la relación (muchas veces ignorada) entre ciencia y religión, y a lo que David denomina “multicultismo” o “relativismo cultural”.

Teniendo en cuenta el objeto divulgativo de este documento y del debate en general, también me tomé ciertas libertades en su confección que prefiero hacer explícitas antes que el lector se adentre en su lectura. La mayor parte de la información aquí presentada es de carácter básico en la formación de todo biólogo y no requiere de mayor referencia si el lector conoce de antemano los criterios básicos que delimitan el objeto de estudio de la biología. De lo contrario, una buena selección de textos guía revisados durante cualquier pregrado medianamente decente será suficiente. El enfoque histórico evidente en gran parte de mi narrativa está fundamentado en un gran volumen de documentación que he acumulado a través de revisiones bibliográficas abordadas de manera individual a través de toda mi carrera respondiendo a los intereses académicos que me han llamado la atención. Han pasado varios años desde que leí algunos de ellos (muchas veces reiteradamente), de modo que recogerlos de nuevo para rastrear mis fuentes no es trabajo fácil. Sin embargo mencionaré ahora unos cuantos que pueden ser citados como fuentes de información preliminar: Darwinism Evolving de David Depew y Bruce Weber es el libro que considero más completo acerca de la historia de la biología y en especial de la teoría evolutiva y fundamenta mi visión del periodo comprendido entre la gran cadena del ser, hasta la formulación de la síntesis moderna. Who Wrote The Book of Life? A History of the Genetic Code de Lily Kay, es mi mayor fuente de información referente al periodo comprendido entre el descubrimiento de las bases moleculares de la herencia y la formulación del dogma central de la biología molecular. Admito que hay en este texto extractos traducidos casi literalmente y sin señalar de manera adecuada de ese libro, la razón para no hacerlo no fue robarle créditos a su difunta autora ni parafrasear sus argumentos, sino evitar restarle continuidad y fluidez al relato. Acerca del uso de lenguaje metafórico en la ciencia, me es también muy apreciado The Ontogeny of Information de Susan Oyama, cuyo pensamiento es posiblemente la mayor fuente de inspiración en mi búsqueda de alternativas para entender la vida, la biología y en general la ciencia. Ningún libro explora tan bien la relación existente entre la evolución y el desarrollo como Ontogeny and Phylogeny del célebre Gould. Los Demonios de Darwin, escrito por Eugenio Andrade, el mas notable biólogo evolutivo en Colombia y uno de los más reconocidos a nivel mundial, (y a quien considero uno de mis mentores), es esencial para comprender las diferentes interpretaciones que ha tenido la teoría de la selección natural, las limitaciones de la misma y su relación con otras áreas del conocimiento. La lista podría prolongarse fanfarronamente, por lo cual prefiero sugerir al lector escéptico hacia la información aquí presentada, que me haga llegar sus demandas bibliográficas en los comentarios o de cualquier forma que desee, con todo gusto brindaré las fuentes de la forma más precisa y a la mayor brevedad posibles. En la medida en que el tiempo lo permita iré completando una lista bibliográfica definitiva al final de este documento. Finalmente advierto que el uso de comillas aquí no tiene la función tradicional de citar excepto cuando se hace explícito, sino de destacar el uso de un concepto dentro de un sistema de representación epistémico.

La unidad del conocimiento:

“No hay más de un conocimiento y afirmar lo contrario sí es desconocer y rechazar el conocimiento”. Debo admitir que cuando leí esta afirmación salté conmovido de mi lugar, no podía creer que un escéptico que me despertara una admiración suficiente a ratos para evocar a Marvin Harris en mi mente, estuviera negando de plano gran parte de la epistemología del siglo XX. Si, esa rama del conocimiento que se ocupa precisamente de investigar y conocer todo acerca del conocimiento (y valga muchísimo la redundancia); de dónde sale, cómo se obtiene, cómo se construye, de qué está hecho, y cuántos hay, si es que hay mas de uno, bajo qué criterio se determina la validez de un conocimiento como tal, etc. Lejos de ser una rama unificada de la filosofía, la epistemología ha ido fragmentándose hasta la aparición de disciplinas específicas dedicadas únicamente a ramas muy pequeñas de la ciencia (e.g. Epistemología científica, epistemología matemática, filosofía de la biología, etc) La evidente fragmentación del conocimiento científico, la misma imposibilidad de transferir leyes de algunas ramas de la ciencia a otras, y el simple hecho de que hasta hace menos de 40 años fuera difícil reconciliar el fenómeno vital (espero que esta expresión no sea confundida con la Von Baeriana o Lamarckiana “fuerza vital” y por consiguiente no me vengan con acusaciones de vitalismo) con las leyes de la termodinámica (y de hecho su reconciliación aún hoy en día no es libre de susceptibilidades) son, entre otros, evidencia irrefutable de que la unidad del conocimiento suscitada en la frase de David citada arriba es falsa. Aún mas si además de la ciencias naturales, se incluye como objeto de la epistemología, a las ciencias humanas. Y mucho mas si se incluyen otras áreas del conocimiento humano como las artes, la literatura y la lingüística. En ese punto, la falsedad es digna de un fanático de la unificación científica positivista que además exhibe un dogmatismo cuasi-religioso.

Lejos de aferrarme a una revisión de lo que llaman teoría del conocimiento, disciplina en la que admito no ser experto, voy a referirme brevemente a la gramática para dar un ejemplo concreto de la existencia de otros conocimientos válidos además de la ciencia antes de pasar al plato fuerte: la biología. La gramática a grandes rasgos tiene como objeto de estudio las normas estructurales necesarias para ordenar palabras en un lenguaje de forma “correcta”, y coherente. Estas normas estructurales solo responden a un consenso que un grupo lingüístico impone de acuerdo a su interpretación arbitraria del uso correcto del mismo idioma. Pero no se corresponden con nada que tenga que ver con el mundo natural, no responden a las leyes de la física o de la química, a estas normas la ciencia les importa un culo y aún así siguen siendo correctas, aún así el inglés tiene invariablemente 12 tiempos gramaticales, aun así ese conocimiento es válido y verdadero: cuando decimos “hoy es Lunes” siendo Martes, sabemos que la frase está construida correctamente así la información que transmita sea falsa, lo mismo sucede si decimos “mañana fue ayer”, este “anacronismo” (no hallé otra forma de llamarlo) carece de total sentido, sin embargo gramaticalmente su construcción es impecable. La gramática sigue siendo objeto de estudio de eruditos y “grammar freaks” (como yo en el caso del inglés) y tiene gran importancia a nivel de producción correcta del lenguaje, aunque no es muy útil hoy en día para la enseñanza de idiomas al nivel oral, en el cual la transmisión de ideas es más importante que la comprensión de las normas subyacentes a dicha transmisión. Sin embargo, mas frecuentemente de lo esperado, un estudiante me pregunta porqué el pasado de “go” no es “goed” sino “went”, porqué putas existen los malditos verbos irregulares. La mejor respuesta científica que he podido dar hasta el momento es: “Ask Sheakespeare!”

Una epistemología histórica de la biología.

  • La gran cadena del ser.

La historia de la biología representa un excelente objeto de investigación acerca del desarrollo de una rama del conocimiento y de paso sea para demostrar (no te alarmes, David) cómo puede haber dogmatismo al interior de la misma ciencia.

Mi punto de partida será el naturalismo francés de finales del siglo XVIII y principios del XIX (obviamente de ahí para atrás se puede hablar más de dogma que de otra cosa), es la época en que el “fijismo” de las especies fue puesto en duda por Lamarck y Geoffroy Saint-Hilaire. La creación en ese período seguía siendo un hecho indiscutido por la ciencia, la discusión era alrededor de cómo se había dado, no de si se había dado o no. Para Cuvier y Bonnet, pilares del naturalismo francés, la vida estaba organizada de acuerdo a la obra del creador en la llamada scala naturae o “gran cadena del ser”, un esquema a manera de escalera en el cual los organismos estaban ubicados desde los más “simples” cómo los “infusorios” en la parte inferior, hasta los más “perfectos” ascendentemente, obviamente pasando por los monos, los hombres, y encima de estos, los ángeles, los querubines y desde luego dios en el altar supremo. A casi nadie se le ocurría ningún tipo de emparentamiento directo o indirecto con los menos perfectos simios y monos (o peor aún, con las divinidades), ya que esta cadena era fija como una pintura, no había ningún tipo de conexión entre sus eslabones, la obra de dios era tan perfecta que había creado seres en todos los niveles de perfección y no había ninguno vacante, y ya que nadie había visto a una especie transformarse en otra desde tiempos bíblicos, saltar de un nivel a otro de la cadena era imposible. Aceptarlo era como aceptar que dios se equivocara, y que su obra era mediocre. El registro fósil tampoco era ningún problema para los creacionistas, para Cuvier por ejemplo, eran representantes antediluvianos, de la época en que dios habiendo podido equivocarse había mandado un gran desastre a la tierra para borrar de un solo sopetón su propia embarrada, en últimas él había permitido que estas especies existieran desde un principio y luego se extinguieran, pero nunca habían dado origen a nuevas especies ni podían ser interpretadas como ancestros de las formas actuales.

Lamarck y su compañero atacaron este dogma, aún sin cuestionar la supremacía del gran hacedor y como es sabido, fueron tratados como herejes, y sus teorías ridiculizadas. La gran cadena del ser se mantuvo sin romperse hasta los tiempos de la publicación de los orígenes. Sin embargo, fue el mismo Lamarck el que dio inicio a una obsesión en los biólogos por hacer que su ciencia se pareciese a la física, la más grande y respetada ciencia natural de todos los tiempos. La elegancia del modelo de fuerzas newtonianas lo hacía muy tentador para explicar todo tipo de fenómenos, aún aquellos que escapaban al alcance de la física, y la vida no fue la excepción. El modelo evolutivo desarrollado por Lamarck, aunque errado, contiene todos los elementos necesarios para constituir una teoría newtoniana. En el centro de este se encuentran dos fuerzas diametralmente opuestas que determinan el devenir de los cuerpos vivientes de la misma forma que la gravedad afecta los cuerpos inertes: la “fuerza vital” que responde al plan de la creación, y la “fuerza exterior” que representa las circunstancias de vida a las que un organismo se ve enfrentado durante su “evolución [desarrollo]”. Lamarck es el primero en usar la palabra “evolución” en un sentido filogenético y elige ese nombre para su teoría (la cual sería la única en la historia en llevar “oficialmente” ese nombre, algo hoy ampliamente ignorado). Para la ciencia de la época esa palabra tenía un carácter exclusivamente ontogenético, es decir que era utilizada para referirse a la historia de vida o desarrollo de un individuo y no de su especie, razón por la cual, quienes muy vehementemente han conseguido desacreditar al sabio francés han preferido rebautizar su teoría con el “ridiculizante” nombre de “Lamarckismo”, en alusión principalmente al “énfasis” supuesto en la “herencia de los caracteres adquiridos” (expresión que se ha relacionado tradicionalmente con Lamarck sin que él fuera su gestor ni la considerara parte central de su teoría) y al protagonismo de los organismos en su propia evolución, algo posteriormente rechazado por el darwinismo en general, ni hablar del creacionismo. De acuerdo al plan divino, el creador le imprime a cada especie y a cada individuo una magnitud específica de fuerza vital, esta le impulsará a evolucionar (en este modelo la evolución es un concepto análogo al movimiento en la física newtoniana, y es propio de cada individuo, no de su especie. En un sentido estricto, para Lamarck evolución filogenética y desarrollo ontogenético eran el mismo fenómeno) hasta donde las fuerzas externas o de las circunstancias se lo impidan, de la misma forma que el movimiento de un cuerpo inerte está determinado por la magnitud de la fuerza que se le imprime originalmente y procederá hasta que una fuerza en sentido opuesto se lo impida. Fuera de toda incorrección, la adaptación que hace Lamarck de la física newtoniana a la biología (ciencia que él mismo bautiza) es de una elegancia incomparable. La única razón por la que no fue apreciada por los naturalistas famosos de su época es que a ellos no les gustaba su carácter filogenético, pero la sobriedad del modelo les era muy incómoda dada la vaguedad de alternativas no newtonianas antes de la llegada del darwinismo.

  • Las teorías no comprendidas de la evolución y la herencia.

Este no sería el final para las ideas evolutivas lamarckianas, ni para la herencia de los caracteres adquiridos. Hacia finales del siglo XIX la gran cadena del ser se enfrentaba a grandes dificultades que no necesitan ser mencionadas aquí, y contrario a lo que muchos suponen, la publicación de El Origen de las Especies, no fue tan provechosa para la teoría de la selección natural como si lo fue para las ideas del ya difunto entomólogo francés, símbolo del progreso implícito en el nuevo orden. La comunidad científica se volcó a aceptar la evolución definida como el cambio de las especies en el tiempo con las implicaciones filogenéticas que ello tiene (incluido el duro golpe al creacionismo) pero no estaba preparada para asumir la selección natural como un hecho. El mundo estaba listo para quitarle a dios el timón del barco de la vida, pero no tanto como para dárselo a la salvaje e irracional naturaleza silvestre. El modelo lamarckiano se mostraba ahora como una alternativa muy adecuada para el sistema de representación epistémico de la época: podía prescindir del creador y aún así mantenía su esquema de fuerzas intacto con toda la elegancia, sobriedad y el orden de la física newtoniana. Así fue entonces que después de la publicación de Los Orígenes y aún de la muerte de su autor, fueron ideas lamarckianas y no darwinianas las que se mantuvieron a la cabeza del pensamiento evolutivo siendo el “dogma” casi hasta la llegada del siglo XX. Por esta razón, algunos llaman al período comprendido entre la publicación de los orígenes y el redescubrimiento de las leyes de Mendel, el periodo del “darwinismo lamarckiano”, un periodo en el cual pululan un buen número de teorías desarrollistas, muchas veces en contradicción con el mismo Darwin y la selección natural (como la recapitulación de Haeckel, por la cual fue hallado culpable de fraude, hecho que eventualmente contribuyó desafortunadamente a desprestigiar al darwinismo, mas desafortunadamente al lamarckismo, y aún más para todo el pensamiento evolutivo), pero que esgrimían el nuevo emblema del evolucionismo fortalecido con las publicaciones del naturalista inglés. El fantasma de Lamarck fue famoso bajo la barba de Darwin. La selección natural empieza a ser incorporada seriamente en la biología teórica solo a la vuelta del siglo, momento en el cuál el paisaje teórico darwiniano empieza a verse complementado por el redescubrimiento de las leyes de Mendel, tema al cual me referiré a continuación.

Contrario a la creencia popular según la cual Mendel se interesó en entender por qué unas flores eran blancas y otras rojas (i.e. La transmisión hereditaria de las características), su investigación titulada “Versuche über Plflanzenhybriden” (Experimentos en plantas híbridas) estaba motivada por un programa de investigación para descubrir las leyes cuantitativas de la variación en plantas, con miras a mejorar la producción agrícola en su natal Moravia, una región de la actual República Checa siempre asolada por el hambre y la baja producción agrícola. La herencia no era mayor problema para Mendel como no lo había sido para Darwin ni para Lamarck ni para nadie hasta principios del siglo XX. La pangénesis o herencia por mezcla era el “dogma” del momento y funcionaba bien en cualquier contexto teórico; ya fuera el creacionismo inmutable, la evolución lamarckiana o la selección natural, este modelo hereditario no presentaba ningún problema, así que unas nuevas leyes de la herencia no eran necesarias. Ya sea porque existían unas leyes de la herencia válidas para el momento o por que el trabajo de Mendel en principio no mencionaba nada explícitamente acerca de la herencia o por simple negligencia u orgullo profesional del sabio inglés, este no le dio mayor importancia al trabajo del monje austriaco aún pudiendo estar en conocimiento de su existencia. Este interrogante es motivo de interés para muchos aún hoy en día. Lo cierto es que a Mendel tampoco le interesó mucho la fama y aunque pudiera sospechar de las implicaciones de su trabajo, esto nunca se ha comprobado y el aburrido monje que gastó años de su vida contando frutos de guisantes lisos y rugosos con la perseverancia de una costurera, murió abandonado y alejado de las mieles de la fama que se cocinaban en las reales sociedades científicas de su época.

Sin embargo, con el redescubrimiento de las leyes mendelianas de la herencia particulada a la vuelta del siglo, empieza otra historia de dogmatismo científico que como veremos durará casi 100 años y continúa hoy en día siendo el desarrollo de los transgénicos uno más de sus religiosos productos.

  • Disintegration.

Las últimas dos décadas del siglo XIX y las dos primeras del XX vieron brillar a un mágico jardín de personalidades científicas, personalmente pienso que la biología no se puede jactar de tener en sus filas tantos investigadores y pensadores talentosos en ninguna otra época como en esa: Haeckel, Weissman, Morgan, Johansen, Driesch, Roux, Bateson, Sutton, Boveri, Hardy, Weinberg entre muchos otros que ahora escapan a mi mente. Cualquiera diría por la limpieza de sus investigaciones, y las consecuencias de los resultados que obtuvieron, que la biología había dejado atrás los tiempos románticos de la anatomía comparada y la gran cadena del ser para dar paso a una ciencia positivista de carácter experimental que buscaba la forma de cimentar la selección natural en una nueva teoría de la herencia mas acorde con los últimos descubrimientos en biología celular. Esta constelación de hombres brillantes (salvo unos pocos) son reconocidos en la actualidad como padres de la genética moderna, pero no siempre estuvieron interesados en el estudio de la herencia; una rudimentaria pero atrevida Entwicklungsmechanik era la vedette del momento, pretendía poner fin al viejo debate entre preformismo y epigénesis que ha rodeado el estudio del origen de la forma biológica o de lo que hoy en día algunos llaman fenotipo (una pregunta que desde niño me ha intrigado), desde tiempos aristotélicos. El desarrollo era observado por esta disciplina desde una perspectiva holista (desde luego, la única forma de estudiar el desarrollo embrionario en ese momento es por supuesto, observando el embrión en su totalidad) que si bien ya se había liberado de la ley biogenética o ley de la recapitulación de Haeckel, había heredado la inconformidad lamarckiana acerca del papel del desarrollo en la evolución, fue además el último bastión del vitalismo. La embriología logró describir con impresionante precisión la morfogénesis y la embriogénesis, pero sus resultados experimentales llevaron a sugerir distintas leyes de acuerdo al patrón observado y al tipo de manipulación con el que se experimentaba. Por eso, no lograría estructurar una teoría unificada de la embriogénesis ni de la producción de la forma en términos causales. Muy conocidos son los contradictorios resultados que obtuvieron Roux y Driesch (ambos alumnos de Haeckel) en sus experimentos con embriones de ranas y erizos de mar respectivamente, y la disputa entre mecanicismo y vitalismo que estos generaron. Sin embargo, las cosas darían un giro extraño. En 1892, después de los famosos experimentos con la cola de los ratones y la confirmación de sus resultados mediante observaciones en huevos de moscas, Weissman logra determinar la existencia de dos tipos principales de células en la mayoría de los metazoos superiores: germinales y somáticas (es importante saber que esto no se cumple de la misma manera en plantas ni en muchos de los grupos animales). La diferencia entre ambas es que sólo las primeras poseen la capacidad de producir nuevos individuos, solo ellas son responsables de transmitir el material hereditario cuya naturaleza seguirá eludiendo la identificación por 63 años más. Dos años antes, De Vries desempolvaba las leyes de Mendel y después de intentar apropiarse de ellas, reconoce la autoría original del monje en 1900 y formula una teoría evolutiva llamada mutacionismo. Sus partidarios, inconformes con la nulidad explicativa del darwinismo acerca del origen de las variaciones, proponen que la evolución por selección natural es precedida por la ocurrencia azarosa de mutaciones entendidas como cambios en el material hereditario (de cuya naturaleza y composición no se tenía aún la menor pista) que pueden ser transmisibles. Paralelamente, gracias a nuevas técnicas de microscopía, una también rudimentaria citogenética venía dirigiendo su atención al núcleo de las células y los cromosomas desde hacía varias décadas logrando describir la mitosis en 1882, pero sin tener idea de que el secreto de la herencia mendeliana se encontrara ahí. Esto fue descubierto por Sutton y Boveri, quienes formularon una teoría cromosómica que fue muy controvertida hasta que en 1915 Morgan lograra borrar toda sombra de duda al rededor de ella. Morgan, originalmente embriólogo y biólogo evolutivo, se había volcado a estudiar la herencia ante el fracaso teórico de la embriología y la sugerencia de su amigo Wilson de buscar las leyes del desarrollo en el estudio de la herencia. Así se estableció finalmente la teoría cromosómica de la herencia y se dio luz, tras un arduo trabajo de parto a la genética.

La nueva genética no solo contaba con una estructura teórica suficientemente fuerte en la cual ubicar ordenadamente todos sus descubrimientos: la noción de una herencia particulada y las leyes de Mendel que la sustentaban, también contaba con la naciente bioquímica, que bajo un marco de investigación enteramente reduccionista, prometía desvelar los mas guardados secretos sobre la organización molecular de las células. En 1908 se sentarían las bases de la genética de poblaciones con el establecimiento del principio matemático llamado “equilibrio Hardy-Weinberg”; diez años mas tarde, Fisher logra conciliar la genética mendeliana con la variación fenotípica continua preparando el camino para la síntesis moderna. Por el contrario, la incapacidad de la embriología para explicar los resultados de sus experimentos, puso a la segunda a merced de la primera, que sin acabar con ella sí engulló su objeto de estudio casi en su totalidad. El antiguo debate entre preformismo y epigénesis, se vería también afectado, siendo su balanza inclinada en favor del primero. Si el lector no sabe que la palabra “gen” fue acuñada en 1909 por Johansen 35 años antes de saber de qué estaban hechos y 43 años antes de saber cómo estaban hechos, este es un buen momento para enterarse y recordar que el “avance” de la ciencia es en la mayoría de los casos, hacia terreno desconocido (particularmente en este periodo se acuñan algunos de los términos más usados y abusados de la biología actual y mas precisamente de la genética (“genética”propiamente dicha, “genes”, “genotipo”, “fenotipo” entre otras). Estos eventos son de gran importancia para la historia de la biología por tres razones: cualquier idea que sugiriera o remembrara la herencia de los caracteres adquiridos sería borrada de la biología separando por décadas el estudio de la filogenia del de la ontogenia (algo no necesariamente muy afortunado y no necesariamente correcto), por primera vez alguien se acercó materialmente a las factores particulados hereditarios señalados unos 30 años antes por Mendel y se convierten en un objeto concreto de investigación con nombre propio. También se establece la primera relación causal “evidente” en la construcción ontogenética de los organismos: El genotipo “produce” el fenotipo.

Los principales resultados de este proceso fueron el triunfo de la genética clásica dando paso a la genética moderna, el destierro de la embriología del campo de la investigación evolutiva y la formulación de la síntesis moderna de la evolución, más conocida como neo-darwinismo: una fusión de la teoría de la selección natural como principal mecanismo evolutivo y un conjunto de axiomas matemáticos y peculiaridades biológicas dentro de las cuales podemos contar las mismas leyes mendelianas, la segregación del plasma germinal o más conocida como barrera de Weissman, la teoría cromosómica de la herencia, la relación causal entre genotipo y fenotipo, el equilibrio Hardy-Weinberg y los principios de la genética de poblaciones. La embriología lejos de dejar de existir, durante las siguientes décadas exploró alternativas muy variadas como la embriología comportamental y también describió fenómenos de gran importancia como la inducción embrionaria, pero de momento los muy prominentes pensadores de la síntesis moderna estaban muy encarretados con la genética y le asignaron a la ontogenia el lugar que la genética en su interpretación del desarrollo sugería que debía tener en la biología: lejos de la teoría de la evolución.

Al reformular la ontogenia y la evolución en términos genéticos, la famosa barrera de Weissman y el modelo de herencia mendeliano, fueron extrapolados por conveniencia pragmática a todo el árbol de la vida dando a la selección natural un espectro explicativo muy amplio que posteriormente mostrará sus limitaciones. Esta chambonada de la ciencia tiene además una consecuencia teórica desastrosamente vergonzosa: Se explica la evolución a partir de presiones selectivas de origen externo al organismo que actúan sobre los genes, que desde este punto de vista son pasivos; al mismo que se explica la ontogenia a partir de directrices internas ejercidas por los mismos genes, esta vez en calidad activa. Por el simple capricho de universalizar una teoría de naturaleza quimérica con evidentes limitaciones, se divorcian de manera casi arbitraria dos ramas de gran importancia para el “avance” de la biología y se caricaturiza el fenómeno biológico (Caricatura: Dibujo satírico en que se deforman las facciones y el aspecto de alguien [o algo]) exagerando su aspecto darwiniano y disminuyendo su aspecto desarrollista “lamarckiano” resultando en una explicación asimétrica del fenómeno vital, ¿Por qué, siendo la radiación (diferenciación) ontogenética y la radiación (evolución) filogenética no mas que dos aspectos de un mismo fenómeno, la producción de la forma, se intenta explicar la primera de adentro hacia afuera y la segunda de afuera hacia adentro? Aquí ya no puedo responder “Ask Weissman!”.

Primera conclusión acerca de la estructura y construcción del conocimiento: No necesariamente avanza, aquello que nosotros consideramos un “avance”, es simplemente una reinterpretación de lo que ya se conoce en términos de un nuevo sistema de representación o un nuevo “paradigma” por medio de un refinamiento en los métodos con los cuales se busca el conocimiento. Estas reinterpretaciones bien pueden abrir nuevos caminos al conocimiento (el caso de la genética) o reestructurar los que ya existen (el caso de la embriología) haciendo que ganen o pierdan significancia explicativa. No hay garantía de que una nueva interpretación represente un avance y como es el caso de la evolución, la imposición de un modelo puede pasar por alto detalles importantes del fenómeno estudiado. Al fin lo que se obtiene es una teoría más detallada del mismo fenómeno, pero no necesariamente más válida que la que se deja atrás. Como veremos hacia el final de esta historia, Lamarck no estaba tan equivocado, el desarrollo sí tiene mucho que ver en la evolución.

Es en esas condiciones que se da el más grande descubrimiento de la genética moderna: el descubrimiento de la naturaleza del material hereditario (i.e. Alguien descubrió que los genes estaban hechos de ácidos nucleicos y no de proteínas o ningún otro tipo de biomoléculas) y los dos más importantes de la naciente ciencia de la biología molecular: La doble hélice y el código genético (Si el lector cree que ambas son lo mismo entonces toda la lectura de este documento no es más que una pérdida de tiempo).

  • El libro de la vida

La historia de éstos tres “avances” de la ciencia moderna es uno de los capítulos más apasionantes de la historia de la biología y requiere de un tratamiento supremamente extenso que aquí no presentaré; pero no siendo posible dar el siguiente paso en esta discusión sin entenderlo, trataré de referirme a los aspectos más importantes de este periodo que abarcaría los dos cuartos centrales del siglo XX. Durante los primeros 20 años la bioquímica sería de crucial importancia; en 1928, Griffith descubrió que podía transferir un “principio de transformación” bioquímico de una sepa bacteriana virulenta muerta a una sepa no virulenta viva. El siguiente paso (para nosotros hoy lógico) era aislar ese principio de transformación, y lo llevaron a cabo Avery, McLeod y McCarthy en 1944 al purificar cinco fracciones de dicha sepa (polisacáridos, lípidos, proteínas, ARN y ADN) y determinar que solo el ADN era responsable por la virulencia. El hecho de que estos dos descubrimientos se hicieran con 16 años de diferencia no está relacionado directamente con las limitaciones técnicas de la época, sino en la falta de claridad en los investigadores acerca de la naturaleza del material hereditario y la carencia de un programa de investigación definido en torno al entendimiento de la herencia inspirado desde la bioquímica; no era solo cuestión de describir moléculas e interacciones entre ellas, había que darle un significado biológico de acuerdo al sistema de representación epistémico del momento. Aún después de estos experimentos, muchos teóricos seguían pensando que eran las proteínas y no el ADN las responsables, ya que estas presentaban una mayor diversidad o variabilidad que los monótonos ácidos nucleicos. En ese mismo año, Schrodinger, inspirador de toda una generación de físicos que se dedicaron al estudio de la vida (dentro de los cuales se puede contar al mismo Crick) bajo un programa de investigación principalmente reduccionista publica “What is life”, el libro más influyente en el desarrollo de la biología molecular de la segunda mitad del siglo XX. En este trabajo, el físico austriaco sugiere que el problema de la herencia sea interpretado como un asunto de transferencia de “información” hereditaria al proponer que la química de la herencia biológica está basada en algún tipo de molécula secuencial aperiódica; por más trivial que la idea de “información genética” nos parezca hoy en día, antes de los años 40 a nadie se le hubiera ocurrido que la herencia biológica pudiera definirse de ese modo ni que los genes portaran información. ¿No es curioso que aquella monotonía secuencial que hacía del ADN una molécula poco interesante o desde el punto de vista hereditario bajo el paradigma bioquímico de la época, sea interpretada a partir de los 50 como un rasgo que confiere al ADN especiales facultades de tipo “informativo”? No es para sorprenderse dada la falta de claridad que rodeaba el concepto de información antes de su formalización en la teoría matemática de la información de Shannon y Weaver hacia 1949. El viejo discurso de la organización definía en lugar del problema de la información genética, el problema de la “especificidad biológica” y en este caso, “bioquímica”, después de esta fecha la “información genética” empezó a emerger en el léxico científico como una potente metáfora de gran utilidad teórica.

Aún así, fue necesario esperar otros 8 años hasta el trabajo de Hershey y Chase en el fago T4 para convencer al mundo de que el material hereditario era el ADN. Un año después vendría la famosa publicación de Watson y Crick, en la cual además de describir con gran precisión la estructura de doble hélice, proponen que debe haber algún mecanismo de “copiado” de la misma basándose en el pareamiento específico sugerido recientemente por Chargaff y en la idea de secuencia informativa de Schrodinger. Los teóricos estaban ahora convencidos de que existen unas “instrucciones” de la vida inscritas a modo de información genética en la estructura del ADN y las buscaron con la fe religiosa de quien busca el santo grial. Después de todo, ¿qué podía ser más conveniente que encontrar el mas grande secreto de la vida de manera escrita? ¿Qué podía ser mas tentador que poder leer el “libro de la vida”?

Teniendo en cuenta que parte del tema de esta disertación tiene que ver con la veracidad y unidad del conocimiento científico, es inevitable hacer un alto y analizar el uso de metáforas en la ciencia con más detenimiento: ¿Qué tan dependiente es la ciencia del lenguaje? ¿Podría la biología haber “avanzado” sin depender del uso de metáforas? “La gran cadena del ser”, la primera metáfora tratada en esta historia, tenía el objetivo de representar el orden de la creación divina y ubicar la posición de cada criatura en el mismo. Así mismo “el árbol de la vida” es otra representación metafórica de la historia natural bajo la perspectiva darwiniana que ubica a cada especie en una historia evolutiva (algunas metáforas son más afortunadas que otras dependiendo del contexto de interpretación). La palabra “evolución” significa literalmente desenvolvimiento (desarrollo) de un plan, una idea, una estructura o una información codificada previamente; el uso de metáforas se hace menos perceptible y más persuasivo y riesgoso a medida que gana complejidad teórica y aceptación científica. La ”Selección natural”, otra forma de decir “supervivencia de los más aptos”, de los “más eficientes”, de los “más fuertes” o simplemente “reproducción diferencial”, una metáfora importada desde las ciencias económicas se acomoda sin muchas complicaciones a las plantas y animales, ¿fácil, no?. La “Información genética”: una metáfora más, esta vez referente al “mensaje” hereditario (metáfora de una metáfora, un significante sin referente ¿una catachresis? discútalo usted mismo) transmitido en los genes. El “Código genético”, cuya historia es una de profunda metaforización de la biología en general y de la genética en especial, es una poderosa metáfora transdisciplinaria (traída del medio militar, de la informática y la computación), que influenciará todo el desarrollo de la biología molecular de finales del siglo XX. El “Libro de la Vida” o “Libro de la Naturaleza”, una antigua metáfora referente a la escritura “trascendental”, adquirió legitimidad científica a través del discurso de la información y su utilidad para revelar “el secreto de la vida”, otra antigua metáfora utilizada para designar la incertidumbre humana con respecto al origen y perpetuación de los seres vivos.

Las metáforas no son usadas en la ciencia por mero capricho literario de los científicos, la ciencia no es poesía. Su introducción responde principalmente a la necesidad de dar explicaciones coherentes dentro de un sistema de representación tecnológico-epistémico, a las limitaciones del lenguaje (tanto coloquial como científico) para generar términos y conceptos que se acomoden adecuadamente a la realidad o experiencia que se tiene de la misma y a las mismas limitaciones del sistema de representación y de las teorías desarrolladas dentro de los mismos. Al mismo tiempo las metáforas pueden fundamentar sistemas enteros de representación e interpretación (como el de la genética), dan dirección al “avance” de la ciencia y modifican el mismo proceso de búsqueda y adquisición del conocimiento. El lenguaje (metafórico o no) afecta todas las formas de conocer y es afectado por ellas mismas, la biología moderna no escapa al bucle de retroalimentación que hay entre el conocimiento, el lenguaje y la cultura.

Segunda conclusión referente a la estructura y construcción del conocimiento: Cualquier conocimiento es afectado por el lenguaje y viceversa. En palabras de Wiener, “The price of metaphor is eternal vigilance”. Espero que para estepunto ya haya quedado claro que hay tantos tipos de conocimiento como sistemas de representación epistémicos sean posibles, y que cada uno co-evoluciona con su propio lenguaje.

Continuando con la historia, el sueño de Schrodinger tomaría 14 años más en completarse. Las “reglas gramaticales” con las cuales estaba escrito el “libro de la vida” exigieron a cambio de su revelación, un nivel de intelecto, desarrollo técnico, y financiación económica nunca antes visto en la historia de la ciencia. El papel que el complejo industrial-militar-científico de la post-guerra y posteriormente de la guerra fría (definido como superioridad económica, alta tecnología, industrias altamente rentables, clara superioridad militar, y poder ideológico y cultural) tuvo en este periodo para una gran variedad de disciplinas, especialmente las ciencias naturales, fue sumamente importante y está ampliamente documentado: La alianza entre científicos británicos y norteamericanos fue tan fuerte como la que hubo entre estas dos naciones a nivel económico y militar, el financiamiento para la investigación científica en Los Estados Unidos, nación líder en la investigación en biología molecular provenía principalmente del Departamento de Defensa (DOD), cuyo presupuesto al momento de su establecimiento en 1949, era de U$13 mil millones; en 1953, momento de la publicación de Watson y Crick y comienzo de la investigación sobre el código genético, ya superaba los 50mil millones. Entre 1950 y 1955, a través de este departamento y la Comisión de Energía Atómica (AEC, organismo controlado militarmente), se asignó el 53% del presupuesto federal (U$120 millones) para las ciencias médicas y biológicas a excepción de la agricultura. Entre 1955 y 1960 este porcentaje se estabilizó alrededor del 29% (Ahora unos U$440 millones), otras fuentes federales también apoyaron, como los Institutos Nacionales de Salud (NIH), la Fundación Nacional para la Ciencia (NSF) y la NASA. Gigantescas cantidades de dinero fueron destinadas al desarrollo de armas nucleares, la exploración espacial, la construcción de las computadoras mas potentes hasta el momento (como MANIAC, en Los Álamos, que fue indispensable durante la primera etapa de decodificación), estudios sobre la radiación en organismos y técnicas de control social poniendo a las ciencias físicas, biológicas y sociales en el centro de la producción del conocimiento de la guerra fría. Como resultado de esta amplia financiación, cada vez más biólogos, particularmente genetistas fueron inmersos en el establecimiento militar, cuyos discursos, lenguajes y representaciones (mas notablemente los de la teoría de la información), influenciaron profundamente el lenguaje y el sistema de representación de la naciente biología molecular. En otras palabras, sin la guerra fría y su complejo industrial-militar-científico, el “avance” de esta rama de la biología jamás hubiera sido posible; casi la totalidad del conocimiento adquirido alrededor del ADN en los últimos 60 años no existiría. Es evidente en este relato y muchos otros por el estilo que la ciencia no es ajena a las condiciones sociales, políticas y económicas en las cuales se desarrolla, que no se financia sola, y que dicho financiamiento y condiciones sociales y políticas afectan el proceso de búsqueda del conocimiento de la misma forma en que la afecta el lenguaje, direccionándolo, limitándolo y modificando el sistema de representación epistémico al mismo tiempo que la realidad económica política y social es a su vez afectada por el “avance” de la ciencia.

Tercera afirmación referente a la estructura y construcción del conocimiento: Cualquier conocimiento está atado al devenir social de una cultura y al sistema epistémico propio de la misma; ciencia y sociedad co-evolucionan.

Dos fases consecutivas (formalística y material) marcaron la etapa de descifrado del código genético: Durante la primera (en los 50) físicos, matemáticos, criptólogos, analistas de sistemas e ingenieros de comunicaciones (varios de ellos vinculados a proyectos de defensa) bajo la guía inspiradora de Gamow, replantearon el viejo problema de la especificidad biológica en los términos y conceptos de la cibernética y la teoría matemática de la información introduciendo un discurso de la información (La teoría y el discurso no son lo mismo) en la biología molecular: Si el ADN era la fuente del mensaje hereditario, y el fenotipo proteómico correspondía al receptor, debía haber un “lenguaje”, un “canal de comunicación” y un “código” que permitieran transmitir dicho mensaje con la misma fidelidad observada a nivel fenotípico en la transmisión de la herencia. Los investigadores en este periodo intentaron descifrar el código de manera inferencial, utilizando las secuencias de aminoácidos disponibles de algunas proteínas como la insulina como “salida” (output) comparándolas con secuencias de ADN que vendría a hacer el papel de la “entrada” (input) mediante análisis computarizado. Este tipo de acercamiento al código fracasó sencillamente porque en términos estrictos de la teoría de la información, no es un código; varios rasgos importantes de la expresión genética eran totalmente desconocidos: la redundancia (degeneración) en el código, el papel del ARN, cambios en el marco de lectura del mismo que interfieren en la síntesis de proteínas como el “splicing”, largas secuencias de nucleótidos que no codifican proteínas y por consiguiente no pueden ser catalogados como “genes” (ADN “basura” o “regulador” mas recientemente) entre otros. Habría que emprender de nuevo el viaje, volviendo al camino de la bioquímica, sin embargo el discurso de la información quedaría firmemente equipado en el ideario y las prácticas de la biología molecular y sería tomado de manera literal y no simplemente metafórica durante la fase material del descifrado. Posteriormente se extendería a toda la biología constituyendo el modelo de herencia central en el desarrollo posterior de esta. También quedarían para la siguiente generación de criptólogos bioquímicos dos nuevas piezas del rompecabezas que serían de gran ayuda para resolver el problema en la siguiente etapa: El ARNm (mensajero) y el modelo de regulación genética de la síntesis enzimática (Operón) descritos por Jacob y Monod en 1960.

En 1961 el código se “rompe”. Un grupo de científicos liderados por Crick lograron determinar que cada aminoácido en una secuencia proteica era especificado por una secuencia de tres bases nitrogenadas en el ADN llamada “codón”. Ese mismo año Niremberg y Matthaei descifran el primer codón (TTT, que codifica para el aminoácido fenilalanina) dando inicio a la segunda etapa de descifrado del código. Durante el año siguiente se descifraron los otros 3 codones mas monótonos, y se esperaba que fuera solo cuestión de unos pocos meses completar el código. Sin embargo esto tomaría otros 5 años y el esfuerzo de cientos de investigadores, siendo los mas notables Niremberg que logra descifrar junto a Leder la mayoría de los codones, Khorana que descifra los codones restantes y Holley que determinó la estructura del ARNt, última pieza clave en este rompecabezas molecular.

  • Dogma.

El resultado de todo este proceso es mucho más que la tabla de correlaciones impresa en todos los textos básicos de biología general, genética, bioquímica y biología molecular. Es toda una reformulación de la relación causal genotipo-fenotipo en términos moleculares fundamentada en el discurso de la información del complejo industrial-militar-científico de la guerra fría, el “Dogma central de la biología molecular”: la “información” hereditaria es transmitida desde la fuente que es el ADN (genotipo) hasta el receptor que son las proteínas (fenotipo) por medio de un mensaje codificado que es el ARNm y de ninguna otra manera. Se llama “dogma” porque así lo propuso Crick en el 58 y así lo formalizaría en el 70. Y sí, es un dogma porque plantea que la transferencia de información en el sentido contrario es imposible con salvedades consideradas muy excepcionales (puede que la información pueda fluir del ARN al ADN, pero una vez ha sido traducida al lenguaje de las proteínas, no podrá ser revertida al lenguaje de los ácidos nucleicos). Y también es dogma porque así lo han visualizado, interpretado y asumido, sin mayores cuestionamientos, generaciones enteras de científicos dedicados al estudio de la vida desde que fuera establecido. Si, al interior de la biología se gestó un dogma, y se ha mantenido en el ideario científico de nuestra cultura durante mas de 40 años. Tercera conclusión referente a la construcción y estructura del conocimiento: Nunca termina, y buscar teorías acabadas para alzarlas al rango de dogma (algo que la biología no evitó) tiene graves consecuencias para el “avance” del mismo: desestimula la búsqueda de otros sistemas de representación más adecuados para reformular los fenómenos. Desde el principio de su concepción el dogma estaba condenado al fracaso a causa de su misma naturaleza metafórica. En un sentido estricto la transmisión hereditaria no es ninguna transferencia de información, los genes no portan ningún tipo de información referente a los rasgos concretos de un organismo, los ácidos nucleicos y las proteínas no constituyen ningún tipo de lenguaje, esa tabla de correlaciones no es ningún código y el dogma central no es ningún dogma. Estos son solo términos y conceptos introducidos desde teorías y disciplinas ajenas a la realidad del fenómeno biológico con el fin de hacerlo más accesible a nivel epistémico, pero que eventualmente lo redefinen dentro de la misma ciencia y en general para el público, no es simple coincidencia que todo el léxico cotidiano de la genética moderna y la biología molecular esté salpicado de una terminología del tipo militar-informático de la guerra fría: “comando”, “control”,”mensaje”, “fuente”, “emisor”, “receptor”, “señal”, “código”, “codificación”, “transcripción”, “traducción”, “regulación” y muchas otras palabras de este corte sin las cuales la biología molecular hoy en día sería prácticamente imposible, fueron introducidas en el tercer cuarto del siglo XX junto con el fundamento formal y material del dogma central. Como si fuera poco, la introducción del dogma en la síntesis moderna, reforzaría la asimetría explicativa del fenómeno biológico de una forma inversa a la incorporación de la barrera de Weissman pero con consecuencias similares: Si la “barrera” había sido extrapolada con el objeto de negar la agencia de los organismos y su desarrollo en la evolución, la direccionalidad de la transferencia de información hereditaria sería dogmatizada con el objeto de negar la agencia del ambiente en el desarrollo. Sin mayor justificación, esta asimetría se mantiene y no ha dejado de tener aceptación como representación del fenómeno biológico aún hasta muy recientemente entre prominentes autores de corte radical neo-darwiniano como Dawkins, adorado por las masas de aficionados a la ciencia hambrientos de especulación gracias a sus ingeniosas formas de reificación del determinismo genético como la caricatura llamada “El Gen Egoísta”.

Cuarta conclusión con respecto a la construcción y estructura del conocimiento: Los instrumentos conceptuales y prácticos de un sistema de representación epistémico pueden redefinir los fenómenos estudiados ignorando rasgos importantes de su naturaleza o imprimiéndole rasgos ajenos a la misma y por consiguiente el conocimiento está influenciado por los mismos métodos que usamos cuando lo buscamos. En palabras de Oyama, “Ya que hacemos X cuando imitamos a la naturaleza, entonces la naturaleza [suponemos] debe hacer X cuando hace lo que nosotros imitamos” y en palabras mías, antropomorfismo científico: la tendencia a dotar con rasgos únicos del ser humano al mundo natural y a nuestras explicaciones del mismo. Una mierda.

  • El mundo en que vivimos.

Gracias a todos estos descubrimientos, la biología molecular ha ganado gran reconocimiento como una ciencia positivista con un aire popular de infalibilidad a veces exagerado por una sobrevaloración del dogma central y alimentado por especulaciones de tipo mediático, que exhiben con gran orgullo sus productos y descubrimientos sin siquiera detenerse por un segundo a revisar sus fundamentos más íntimos. Hasta hace muy poco no era extraño leer revistas divulgativas o escuchar noticias en la radio o televisión afirmando que algún grupo de científicos que trabajan en alguna muy reconocida institución han descubierto genes “causantes” o “responsables” de enfermedades, síndromes, facultades, habilidades, y hasta comportamientos. A veces, el medio de divulgación, siendo más proclive al escepticismo reemplaza las expresiones que invocan una causalidad tan directa por alguna que la maquille con un aire de interaccionismo. Entonces empiezan a hablar de “predisposiciones” o “bases” genéticas. En los últimos años, probablemente a causa de la insatisfacción de algunos biólogos no deterministas que logramos percibir la ruda interpretación que tales afirmaciones tienen dentro y fuera del ámbito científico, algunos medios de divulgación han preferido cambiar cualquier invocación de determinación causal y han empezado a usar (para alegría de algunos insatisfechos mas conformistas que yo) expresiones un poco menos injustas con el fenómeno observado: “genes relacionados con” o “involucrados en” el desarrollo de algún fenotipo. Sin embargo, el peso del discurso de la biología molecular generalmente nubla la percepción que se tiene de estos descubrimientos y entonces grandes sectores del público aficionado al tema prefiere casarse con la idea más básica: “descubrieron el gen para” la homosexualidad, el alcoholismo, la drogadicción, el envejecimiento, el cáncer, las enfermedades coronarias, las habilidades artísticas o deportivas, el IQ y hasta el comunismo. Asistimos al triunfo del preformismo, la ilusión del determinismo genético no está limitada a las grandes masas no formadas en la búsqueda científica, después de todo sus principales impulsores son quienes más se han beneficiado de él:

“Given the complete DNA sequence of an organism, and a large enough computer, it will soon be possible to compute the organism” Sydney Brenner 1982 – Biólogo molecular y Nobel de fisiología en 2002; amigo personal de Watson y Crick y gran investigador de la regulación genética del desarrollo.

“One will be able to pull a CD out of one’s pocket and say, ‘Here is a human being; it’s me!’” Walter Gilbert 1990– Biologo molecular, Nobel de química en 1980; uno de los primeros en argumentar a favor del patentado o registro de los derechos de copia de secuencias genéticas y fundador de la compañía biotecnológica Biogen.

Obviamente ninguna de estas afirmaciones es cierta, sin embargo, sus implicaciones en la ciencia, en nuestra vida y en nuestra relación con el mundo sí que son reales. El establecimiento del dogma central impulsó todo el avance de la biología molecular de finales del siglo XX y principios del XXI. Tan solo dos años después del establecimiento del dogma, se construye por vez primera una secuencia de ADN recombinante in vitro dando nacimiento a la tecnología que lleva su nombre y a la clonación de genes. Durante la década siguiente se revelaron los detalles más relevantes de la síntesis de proteínas y se sentaron las bases de la investigación sobre la regulación de la expresión genética, aparecen las primeras técnicas de secuenciación química de ácidos nucleicos, se descubren los intrones, los exones, los genes homeóticos, las ribozymas, los priones y los transposones. Nacen la biotecnología, la ingeniería genética y la genética del desarrollo (las dos primeras pertenecientes claramente al campo de las ciencias aplicadas y no de las ciencias básicas). Hacia mediados de la década de los 80 las técnicas de secuenciación genética habían alcanzado gran precisión, lo cual daría paso a las “eras” de la genómica y la postgenómica. En 1995 se completó la primera secuencia genómica de un organismo de vida libre: La bacteria Haemophilus influenzae, y hasta la fecha se han completado mas de 3000 secuencias genómicas incluyendo la humana, y están pendientes de completar unas 10000.

La ciencia y su relación con la sociedad habrían sido alteradas para siempre a causa de la emoción del sueño genético. A pesar de todas las críticas que puedan suscitar los avances científicos de la biología molecular, nuestra cómoda y agradable vida cotidiana no lo sería tanto sin sus productos. Su aplicabilidad en todos los aspectos de la vida humana del siglo XXI es enorme, y prescindir de sus tecnologías, como el desarrollo de los transgénicos, sería estúpido, si no impensable. Por otro lado, las industrias biotecnológica, genética y bioinformática ocupan un amplio espectro de la economía global con un diverso portafolio de servicios y productos. En este nuevo mundo en el cual la industria y las corporaciones poseen un poder que compite con los estados, cualquier conocimiento práctico que permita el control de la vida constituye, en palabras de Foucault, un biopoder. No es mito que la ciencia y el conocimiento pueden ser utilizados (y de hecho lo son) como instrumento de poder (al interior mismo y fuera del ámbito científico).

Quinta conclusión referente a la estructura y construcción del conocimiento: Al ser un producto de la cultura y al mismo tiempo ser capaz de afectarla, el conocimiento puede ser instrumentalizado (Esta conclusión, que no es propiamente de tipo epistemológico sino más bien político-social, a mi modo de ver justifica la protesta social en contra de la financiación por parte de capital privado en la educación pública. Si la financiación pública no es capaz de garantizar una neutralidad en los valores y disciplinas que promueve, mucho menos lo es la financiación privada).

  • Alternativas.

Dobzhansky, uno de los principales promotores de la síntesis moderna escribió una vez “Nothing in biology makes sense except in the light of evolution”. La frase se ha vuelto famosa entre partidarios de la evolución teísta como una crítica al creacionismo radical, que se opone de plano a la evolución; pero entre biólogos tiene un significado totalmente distinto: La teoría unificadora de la biología debe ser la evolución (darwiniana, obviamente). Y en cierto modo, así debería ser, solo una perspectiva evolutiva debería permitir dar con el origen último del fenómeno vital, pero al contrario de lo que piensan muchos, dentro y fuera de la ciencia, la biología y mas precisamente el pensamiento evolutivo sigue hoy en día lejos de la unificación. Si como he mencionado, hace 200 años la creación era un hecho y solo se discutía su forma de proceder, hoy en día para los biólogos la evolución es un hecho probado, sin embargo persiste un gran desacuerdo en cuanto a los mecanismos que la impulsan. La biología es hoy, a pesar de los esfuerzos conjuntos de diferentes disciplinas, un campo de álgido debate y el acuerdo no muestra señas de llegar pronto (aclaro que a pesar de ser agnóstico y no creer en la creación, no considero el paso de las ideas creacionistas a las evolutivas, un avance científico sino un cambio de sistema representacional, la posiciones evolutivo-teístas de Dobzhansky y Lamarck no difieren mucho a pesar de siglo y medio de “avances” científicos: uno siempre puede especular que la evolución es obra de dios y no hay alma en el planeta que pueda probarlo o refutarlo).

Pero no se alarme, querido lector, no leerá en este documento un solo argumento a favor de la creación, el diseño inteligente ni la evolución teísta. Esta sección está dedicada a ciertos detalles del fenómeno biológico que han sido observados a través de la historia pero al mismo tiempo excluidos del “establecimiento” científico de la biología (más precisamente de la síntesis moderna) siendo mostrados como pequeñas excepciones o simplemente ignorados de plano en la concepción de nuevas interpretaciones A pesar de permanecer durante largo tiempo en la oscuridad, las recientes disputas al interior de la biología han logrado redirigir la atención hacia estos detalles poniéndolos en la actualidad en el centro de la discusión.

Cómo ya he mencionado anteriormente, Lamarck dijo que si una especie podía transformarse en otra, el cambio debía ser observable durante su desarrollo (lo cual es cierto). De esta forma puso a los organismos en el centro de su propia historia evolutiva, dándoles la facultad de cambiarla adaptándose a sus condiciones, por medio del uso o el desuso de sus órganos. Ahí se equivocó, los rasgos adquiridos por un organismo durante su desarrollo, difícilmente pueden afectar a generaciones posteriores aún cuando la barrera de Weissman no esté presente. Sin embargo, es cierto que la fuente de variabilidad para la selección natural darwiniana sí está en las diferencias que se dan durante el desarrollo de los individuos. En otras palabras, sin variación no hay selección, y la variación es producto del desarrollo individual de cada organismo en una población. Conclusión: el desarrollo sí afecta la evolución.

A finales del siglo XIX en medio del furor del darwinismo lamarckiano Baldwin propone que el aprendizaje (durante el desarrollo) puede afectar la evolución. En el “efecto Baldwin”, un comportamiento que originalmente es adquirido por medio del aprendizaje, es luego fijado genéticamente por medio de selección (genética) natural de tal modo que la habilidad para aprenderlo mejora hasta el punto en que parezca instintivo. Por su especialidad como psicólogo, las ideas de Baldwin no fueron muy apreciadas por los biólogos (tristemente, algo muy recurrente en la historia de la biología). Sin embargo, durante todo el siglo XX, fenómenos similares al efecto Baldwin serían comprobados tanto por la genética y embriología, pero su exclusión de la síntesis moderna sigue siendo un misterio. El mismo año en que se descubre la doble hélice, gran pilar del dogma central, Waddington demuestra la “asimilación genética de un carácter adquirido” mediante un experimento con moscas en el que logra hacer que un carácter que en un principio fuera adquirido durante el desarrollo como respuesta a un estímulo ambiental sea transmitido de manera consistente a la descendencia aún en ausencia del estímulo que originalmente disparaba la respuesta. Waddington, a quien algunos consideran el sucesor de Darwin en el siglo XX gracias a su enfoque interdisciplinario y a su prolífica redacción, demuestra que puede haber herencia de los caracteres adquiridos en medio del furor genético que lanzaba a la gran masa de investigadores en la búsqueda determinista del código de la vida. Durante más de 3 décadas, embriólogos comportamentales entre los cuales puedo mencionar ahora a Kuo, Gottlieb y Lehrman, fueron duros críticos de la teoría del instinto de Lorenz y Timbergen, la cual descansaba cómodamente en las suposiciones del determinismo genético. En sus observaciones, principalmente en embriones de aves, lograron demostrar cómo ciertos comportamientos que en un principio habían sido catalogados como “instintivos” (i.e. Determinados genéticamente, en oposición al aprendizaje que implica intervención externa) por el etólogo austriaco. Ya sabemos como continúa la historia, Kuo y compañía mueren en el olvido mientras Lorenz se inmortaliza como padre de la etología y aparece en fotos con cisnes que “comandados por su instinto genético” intentan cortejarlo.

Como es sabido, en los últimos 20 años, se han ido acumulando evidencias de la transferencia lateral de genes (pero no tanto como esperaría Mulet, quien al parecer supone que este invento de la naturaleza es tan común como para suponer la total inofensividad de su imitación artificial) poniendo en tela de juicio la la verticalidad del modelo genético de herencia establecido. El modelo de herencia biológica en general también ha sido cuestionado duramente en las últimas dos décadas principalmente por Jablonka quién además del sistema de herencia genético (GIS) a demostrado la existencia de al menos otros cuatro sistemas de herencia: comportamental (BIS), epigenético (EIS), simbólico (SIS) y ambiental (modelo de construcción del nicho de Odling-Smee). Cada uno con sus propios mecanismos de transmisión, direccionalidad y “material” hereditario pero en constante interacción con los demás. El solo hecho de poner en duda la verticalidad del sistema genético es suficiente para indicar la “obsolescencia” en la que ha caído la síntesis moderna, pero probar la existencia de otros sistemas de herencia diferentes al genético sí sugiere la búsqueda de una nueva teoría evolutiva.

Durante el mismo periodo, la recientemente fallecida Margulis criticó fuertemente la síntesis moderna no solo desde la transferencia lateral de genes en bacterias sino a partir de la endosimbiosis haciendo más énfasis en la cooperación que en la competición explícita en la selección natural. Ella propuso que si bien la selección natural es uno de los mecanismos mas importantes de la evolución reciente, esto no fue siempre así, otro fue el mundo antes de la aparición de la multicelularidad y la barrera de Weissman. En la última década Newman demostró la ocurrencia de modificaciones en el desarrollo que no involucran la agencia genética en la producción de fenotipos característicos de algunas especies animales. Basado en sus descubrimientos ha propuesto que en un mundo pre-mendeliano la relación genotipo-fenotipo no era tan sofisticada como en la actualidad, permitiendo una mayor plasticidad de formas “a partir” de combinaciones genéticas mas flexibles que las actuales. Así los 35 planes corporales animales que aparecen en la “explosión” cámbrica no habrían sido generados bajo las leyes de Mendel, la selección natural, o el “comando” genético sino que estas peculiaridades del fenómeno vital en la actualidad son el resultado de un proceso evolutivo mucho más relajado a nivel hereditario y mucho mas complejo en cuanto a la relación entre genes y formas. Queda abierto totalmente a la especulación cómo es que estos procesos llegaron a estabilizarse dando origen a la biota que evolucionaría hasta nuestros días, dando paso a una evolución similar a la que la síntesis moderna propone.

Todos estos detalles son reconocidos hoy por una nueva fusión entre varias disciplinas (entre ellas la embriología, la genética del desarrollo y la ecología) que han dado origen a lo que hoy conocemos como Biología del Desarrollo Evolutivo, o Evo-Devo, cuyo objeto de estudio según Hall, uno de sus máximos exponentes son “los mecanismos del desarrollo que dan origen a cambios evolutivos en los fenotipos de los individuos”. Para el Evo-Devo hay que tomarse en serio las insinuaciones de Lamarck: La evolución biológica está definida por los cambios en los procesos del desarrollo.

Última conclusión referente a la construcción y estructura del conocimiento: su obsolescencia es relativa y nunca debe ser menospreciado. Kant decía: “la filosofía de la ciencia sin la historia de la ciencia es vacía; la historia de la ciencia sin la filosofía de la ciencia es ciega. Yo digo: Hay muchos científicos y profanos que no saben nada de historia ni de filosofía de la ciencia.

Cómo entender la unidad del conocimiento?

Como ya he dicho, estoy convencido de la validez de otros tipos de de conocimiento diferentes al científico, pero dudo que esa haya sido la verdadera causa de la discusión entre mis amigos y David. También estoy convencido de que ambas partes saben distinguir la ciencia de la seudociencia; lo comprobable, de la superstición. Sin embargo no estoy seguro de que David y sus profanos seguidores entiendan cómo funciona la actividad científica100 y por eso suponen que la ciencia busca verdades y peor aún, que solo el conocimiento científico lleva al desarrollo de las sociedades. Pamplinas, ¿Es acaso el objetivo de la ciencia propender por el “desarrollo” de las sociedades humanas? Es un grave error suponer que el ejercicio de la ciencia responde necesariamente a la necesidad de mejoramiento de nuestra calidad de vida y que los científicos buscan el conocimiento por una meta mas allá del conocimiento mismo. En teoría, la ciencia es un tipo de conocimiento que busca entender el funcionamiento del universo, no cómo podríamos o deberíamos vivir en él. El camino que la ciencia elige para buscar este entendimiento es el falsacionismo. En éste, una hipótesis gana poder explicativo a medida que va superando intentos de echarla abajo y la verdad es inalcanzable. La hipótesis nunca se verifica, solo es aceptada provisionalmente. De vez en cuando, una hipótesis logra sostenerse a los intentos de refutación mucho tiempo y llega a obtener el estatus de teoría y se formulan leyes para enunciarla. Como ha quedado claro en la historia, muchas leyes se doblan, y las restantes, simplemente se rompen. La biología es una de esas ciencias cuyas teorías están llenas de excepciones y limitaciones, y todo biólogo decente lo sabe. También es de conocimiento de todo científico que a veces la ciencia propende la unificación tratando de integrar diferentes conocimientos por medio de esfuerzos interdisciplinarios, pero de ahí a decir que la ciencia es una sola es suponer que esa tarea de unificación o integración ha sido concluida, y eso sencillamente es falso. En la práctica, la ciencia es otra cosa. Es una enorme estructura cuya construcción es influenciada por un gran número de factores y limitantes físicas, humanas, metodológicas, económicas, políticas, sociales y culturales. Su desarrollo escapa del deseo que los mas “nerds” demuestran en su empeño por entender el mundo, para ser manipulado e influenciado por intereses políticos y económicos; sus explicaciones e invenciones responden a las necesidades inmediatas de respuestas y soluciones de otros, además de quiénes las buscan, y deben ser maquilladas de tal forma que aquellos que no comprenden el proceder ni el lenguaje científico puedan acceder a ellas de algún modo. Es cierto que sus descubrimientos e invenciones pueden llegar a mejorar la vida humana, también es cierto que pueden poner en riesgo mucho más que solo la vida humana. Personas e instituciones inconscientes de esta realidad fueron las que, a pesar de la oposición de Darwin a la aplicación de la teoría de la selección natural a las sociedades humanas, promovieron el darwinismo social y la eugenesia. Personas e instituciones así proponen de acuerdo con sus “proyecciones” económicas que la población de la India debería sacrificar la mitad de sus 200 millones de cabezas de ganado sagrado para intentar engordar a la otra mitad quitándole de paso la principal fuente de sostenimiento a mas de mil millones de campesinos pobres. Personas e instituciones así, hacen un héroe de un canalla especulador como Patarroyo.

Es cierto que de vez en cuando un grupillo de intelectuales suecos deciden premiar a alguien por la utilidad que sus descubrimientos o invenciones tienen para el mismo “avance” de la ciencia, de ahí a considerar sus logros, una señal de desarrollo o una lección de vida, solo hace falta fe, lo único que la muy “locuaz” imitación de Minchin acierta con respecto a la diferencia entre ciencia y religión. Sagan en su ensayo sobre el calentamiento global Croesus and Cassandra y Lewontin en la crítica que le hace al mismo Sagan en Billions and Billion of Demons, cada uno a su propio modo llama la atención sobre las circunstancias en que la ciencia se desenvuelve.El científico escéptico las reconoce y las hace evidentes para que el profano las entienda. El profano dogmático que se cree muy escéptico, le sugiere al científico salir por las ventanas del décimo piso.

Saturday, February 11, 2012
It’s not a war on drugs, It’s a war on personal freedom, that’s what it is okay? Keep that in mind at all times, Thank you. Bill Hicks (via -iwilldestroyyou) (via billhicks)
Tuesday, November 15, 2011 Wednesday, February 2, 2011

Propuesta alternativa a la “Guerra contra las drogas”

Mi propuesta, es una que muchos consumidores y personas involucradas en el tráfico no aceptarían sencillamente por que no va con su visión o forma de hacer “negocios” pero considero que es la única manera de solucionar el problema para siempre: El estado debe hacerse realmente responsable de las necesidades de los ciudadanos que lo componen y de los cuales depende para su buen funcionamiento (algo no dificil para un gobierno altamente paternalista como el nuestro, si nos van a controlar la vida, al menos haganlo bien), en lo referente a las “drogas” el estado debe hacerse responsable por todos los niveles del sistema de producción, distribución, consumo, prevención y rehabilitación. Asi como se oye; el estado debe autorizar la producción de “drogas” de alta calidad producidas limpia y responsablemente solo a productores que certifiquen la calidad de su producto y paguen altos impuestos por ello. Así mismo la distribución y exportación debe ser también grabada con altos aranceles e impuestos y controlada por medio de buena legislación y vigilancia desde varios frentes como los ministerios de salud y hacienda con el fin de proteger a los no consumidores y canalizar las ganancias de tan lucrativo negocio de una forma positiva. El precio de esos productos no debe bajar ni el acceso a ellos debe ser mas facil para los menores a causa de la legalización, aunque muchos no lo crean es el mismo caracter ilegal de las “drogas” el que arrastra a niños cada vez más pequeños a probarlas y a que productos de baja calidad y mayor riesgo lleguen a sus bolsillos y organismos. Por el contrario, el que quiera consumir, debe pagar un alto precio por ello sin arriesgar su salud, integridad y seguridad. Por último… Todos los recursos recaudados a través de los diferentes niveles de la cadena deben ser enfocados al desarrollo de programas serios de educación, prevención y rehabilitación que respeten la dignidad humana y brinden una verdadera alternativa mas allá del aislamiento social y la desintegración cultural. Programas que permitan a nuestros niños conocer la verdad sobre estas sustancias y tomar buenas decisiones informadas no prejuiciosas acerca del consumo. Además de una salida no violenta al problema del narcotráfico, esta propuesta nos permite desmitificar la tradicional criminalización de los consumidores, dandoles el sitio que les corresponde en la sociedad… el de personas decentes que hacen uso de su libertad y su educación para vivir como quieren sin poner su vida ni la de nadie mas en riesgo, siendo amados por sus familias, respetados por su pueblo y tratados dignamente sin discriminación por parte de el gobierno que ellos mismos eligen. He dicho